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Crónica originalmente publicada en http://badmusictv.com/boogie-woogie-jubilee-2013-bob-seeley-renaud-patigny-lluis-coloma/

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Foto: Joan J. Gómez

El pasado viernes 29 de noviembre el Ciclo Blues & Boogie bajó el telón en el Auditori Barradas con un fin de fiesta intenso, completo y variado al que sólo faltaron las luces de neón y el confeti. El maestro de ceremonias, el pianista de blues y boogie woogie Lluis Coloma, fue nuevamente el encargado de conducir el acto y de presentar a los dos invitados internacionales: el belga Renaud Patingny y el norteamericano, directamente llegado de Florida, como buen jubilado, Bob Seeley, que a sus 85 años hacía gala de un estado de forma envidiable. Ambos mostraron un contagioso sentido del humor y de la técnica al servicio del espectáculo, precisamente los elementos clave para entender en qué consiste el género del boogie woogie y porqué fue la música de moda durante la 2a Guerra Mundial, cuando todavía no existía la televisión.

Fue el trío habitual de Coloma – Manolo Germán, al contrabajo y Marc Ruiz, a la bateria – el encargo de romper el hielo con temas propios y clásicos que consiguieron arrancar los primeros aplausos y sonrisas entre el público des del primer minuto de música. Ya desde le primer tema, una composición propia llamada “Foc al dits”, el pianista no dudó romper los formalismos propios de un concierto en un auditorio para llevar la música a un terreno por encima de todo lúdico flirteando con el rock’n’roll i con mucho groove. A pesar de ser formalmente muy estable, en manos de Coloma el Boogie Woogie puede convertirse en contenedor de todo tipo de citas musicales, des del himno del Barça hasta la sintonía de los Simpson. Giños populares muy previsibles? Quizás sí, pero hay que valorar su gran poder de comunicación y el hecho que consiguen dotar de contemporaneidad a un género que tuvo su época de esplendor hace 50 años.

Pero aún siendo un estilo muy reconocible y con una técnica muy marcada, siempre hay lugar para que cada músico encuentre su propia voz, como demostró Renaud Patigny con su intervención tanto a solo como acompañado de Germán y Ruiz, que se convertieron en la base rítmica de guardia de la noche. El belga hizo gala de muy buena cintura moldeando el ritmo y las melodías de forma poco ortodoxa y creativa a través de improvisaciones y temas como “Death Ray Boogie”. Sin duda su voz fue la más personal de los tres pianistas de la noche. Bob Seeley, en cambio, nos trasladó a una versión mucho más clásica, esencial y elegante enlazando piezas como “St. Louis Blues”, “Amazing Grace” o “Boogie Woogie Dream”, de Albert Ammons y Pete Johnson, que navegaban entre el blues y el rag time. También aprovechó para recordar a maestros como Meade Lux Lewis, del que tuvo el privilegio de aprender la técnica.

La segunda parte del concierto se basó en el Buggie Woogie a dos pianos, una especie de batalla de pianos en la que uno de los pianistas debe tocar con el otro sin saber qué tema tocará previsamente. Una vez dentro del tempo y la armonía, la batalla la libran las manos derechas que tienen que ir improvisando solos como en forma de diálogo. Coloma, Patigny y Seeley se fueron emparejando en largísimas batallas pianísticas que fueron subiendo de intensidad, velocidad y desinhibición. Los tres maestros estaban decididos a dar un buen espectáculo tanto a las teclas, como bailando y bromeando. Entre los duelos improvisados se distinguieron algunos clásicos como “Bumble Boogie” o “Lady Be Good”. Un problema técnico con uno de los pianos obligó a hacer una pausa que Seeley aprovechó para reivindicar el paper del boogie woogie dentro de la música americana. Aseguró que ahora “se toca más en Europa que en Estados Unidos” y que “los americanos han olvidado su música”. Pero ese descanso forzado no deshinchó la fiesta ni un ápice. Es más, parece que dio alas a los músicos que terminaron tocando a seis manos en un solo piano varios temas como si fueran malabaristas. Un espectacular traca final a tres horas de música en directo que dejó muy buen sabor de boca a los asistentes y que pareció reivindicar la importancia popular del músico “entretainer”, ese experto en amenizar actos que al largo de la historia del blues y el jazz siempre ha jugado injustamente en ligas menores.

Texto: Olga Àbalos (diciembre 2013)

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