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Bradley Wiggins – El último ganador de Tour de Francia juega a ser un doble icono: el de la cultura mod y el abanderado del ciclismo limpio en un momento de gran convulsión en ese deporte.

bradley

Foto: Scott Mitchell

“Los chicos de Kilburn no ganan el Tour”. Al vigente ganador del la ronda francesa, el británico Bradley  Wiggins, de 32 años, le gusta recordar así sus orígenes humildes cada vez que le preguntan cómo se siente siendo el primer británico en hacerse con la carrera más importante del calendario ciclista. Criado en uno de los barrios londinenses más conflictivos, Kilburn, y en el seno de una familia desestructurada (su padre era ciclista de pista pero mujeriego, bebedor y fugado) tenía todos los números para terminar en una de esas bandas callejeras tanto en boga en los años 80. Pero la bicicleta lo salvó, dice. Dos décadas más tarde es medallista olímpico y uno de los personajes públicos británicos mejor considerados, objeto de tributo por doquier ya sea en galletas con su cara ya sea recibiendo el premio Vélo d’Or 2012, algo así como el Balón de Oro del ciclismo, o el BBC Sports Personality of the Year, otorgado por votación popular. Durante el pasado Tour de Francia la prensa francesa lo llamaba “Le Gentleman”, apodo que no alude precisamente a sus actuaciones sobre la bici – poco espectaculares y épicas aunque eficaces, eso sí – sino a su carácter puramente inglés y su gusto por el buen vestir. Pero su personalidad algo huraña y solitaria, obsesiva y perfeccionista, y un cierto hooliganismo hacia la prensa le dotan de una áurea tanto ambigua como atractiva.

El ciclista escocés David Millar cuenta en su libro de redención “Pedaleando en la oscuridad” (Contra Ediciones, 2012) que su compatriota “es un showman nato. Cuando ha tomado unas copas, Brad se transforma en Liam Gallagher, un papel que tiene poco parecido con su auténtico yo. Es divertido verlo cuando intenta ir de moderno y cool porque es una de las personas más sencillas que conozco”. Quizás sea esa parte exhibicionista la que lo impulsa a hacer cosas como firmar su propia colección de polos Fred Perry o cambiar su apellido por “Wiggo” para conseguir convertir esa “o” final en la diana mod que adorna su maillot, su casco y su bicicleta. Ha conseguido que su nombre sea una marca jugando de forma muy inteligente con un doble baremo de iconografía: por un lado recrea el riquísimo imaginario de la historia del ciclismo haciéndose seguir por un fotógrafo de confianza con el que comparte su pasión por la música y la estética mod, Scott Mitchell, que lo retrata básicamente en blanco y negro, como las viejas fotos de Tom Simpson y Robert Millar retorciéndose sobre la bicicleta, dos de los históricos ciclistas británicos que más admira. Y por otro, emula el estilo y la música británica de los 60, con el alto poder simbólico que ello conlleva para el aficionado de las islas. El trabajo de Mitchell ha sido clave para su proyección pública, dando un enfoque nuevo, pop, artístico, al mundo del ciclismo, así como las políticas de comunicación basadas en contenidos audiovisuales y las redes sociales que usa su equipo, el Sky Cycling Pro Team. Su estrategia comunicativa crea iconos, tal y como ocurre en el mundo del fútbol o de la música pop. Se trata de escribir tu propia historia antes que nadie la escriba por ti bombardeando a base de fotos, vídeos, noticias y tweets.

El deporte y la modernidad sixties parecen mundos antagónicos. El primero, lleno de esqueletos sobre dos ruedas, sufridos, quemados por el sol, y el segundo, lleno de hedonistas nocturnos y estilistas. Pero en ambos mundos siempre ha habido obsesiones y un desmesurado consumo de drogas legales e ilegales para durar más. El reciente caso de Lance Amstrong es una prueba de hasta que punto la cultura del dopaje estaba integrada en este deporte. Wiggins siempre se ha declarado públicamente como un ciclista totalmente limpio, abanderado de una nueva mentalidad ciclista. Y así lo vuelve a reiterar en su última autobiografía “My Time” (Yellow Jersey Press, 2012). Pero no deja ser curioso que uno de sus ídolos de la infancia, Tom Simpson, otro estilista dentro y fuera de la carretera, muriera de un ataque al corazón subiendo el puerto Mont Ventoux en el Tour del 1967. Aquella fatídica combinación de calor, alcohol y anfetaminas puso el mundo del ciclismo patas arriba y a partir de 1968 se tomó la decisión de instalar controles antidoping. Quizás la muerte de Simpson fue la muerte más mod que un ciclista pueda tener. Eran los 60, eran otros tiempos.

* Publicado el 6 de marzo de 2013 en el Cultura/s (La Vanguardia) :  http://www.lavanguardia.com/20130306/54369019355/el-estilista-de-la-carretera-olga-abalos.html

One thought on “ᴥ EL ESTILISTA DE LA CARRETERA – Bradley Wiggins

  1. Retroenllaç: ᴥ The Cyclist with Style – Bradley Wiggins | El mètode Klosé

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