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Decíamos en la primera parte que la caída es parte intrínseca de este deporte, pero las circunstancias en que se produjeron la del holandés Johnny Hoogerland y el catalán Joan Antoni Flecha en la etapa número nueve del Tour de Francia, con final a Saint-Flour, fueron un tanto especiales. Ambos corredores se fueron al suelo embestidos por un coche de la productora francesa Euro Media, la responsable de la señal de televisión. Y ese dato es precisamente el que convierte ese suceso algo extraordinario que llama la atención sobre el papel de la televisión en la retransmisión de este tipo de eventos deportivos.

En el cine se intenta que el espectador se olvide que detrás hay un director y un equipo que decide cada una de las cosas que pasan en pantalla y tan sólo cuando accidentalmente se cuela en el plano un micro o una sombra extraña, uno se da cuenta como despertando de golpe de un sueño que lo ven sus ojos es una ficción, un producto. En el campo de la televisión, puede ocurrir algo parecido. El espectador tiene la sensación que las cámaras, las motos, el helicóptero y el equipo de realización son entes externos a la acción de la carrera ciclista y se limitan tan sólo a improvisar según van sucediendo los hechos. Y eso en parte es cierto, pero también existen toda una serie de protocolos impuestos por la televisión – como la hora de salida de la etapa, las normas del pódio – que sabe que es la que da sentido a todo el montaje económico del Tour, a que los patrocinadores quieran invertir en equipos y sus ciclistas, esas vallas publicitarias humanas.

Afortunadamente los ciclistas pudieron levantarse y continuar a pesar de las múltiples heridas en las piernas y brazos. El holandés fue el que sufrió la caída más espectacular al enzarzarse con una alambrada de campo pensada para frenar vacas, no ciclistas. Se puso en pie con chorretones de sangre y llegó a meta como pudo con más de 15 minutos perdidos, sin algunos trozos piel, al borde de las lágrimas.

Secuencia del atropello de Flecha y Hoogerland, Tour 2011 (imágenes tomadas de la retransmisión en directo y detalles de fotos de Reuters, Laurent Rebours/AP, Lionel Bonaventure/AFP)

Video

Al recibir el maillot de líder de la montaña, Hoogerland rompió a llorar y aún lloró más cuando se le entregó el premio a la combatividad que la organización también entregó a Flecha pero que, a buen criterio, declinó recibir y aparecer en la ceremonia. El galardón fue sin duda una broma pesada. Es como si le hubieran dicho: “te hemos tirado pero, muy bien majo, te lo has currado por llegar a meta”. Las imágenes de televisión mostraron al héroe invitado, ocasional, visto como gladiador que sufre por mantenerse erguido a pesar de los mordiscos de los leones, con las piernas vendadas, recibiendo besos de las azafatas que cual androides, ponían la cara, la sonrisa y el aplauso de uñas esmaltadas sin mostrar ni un ápice de sentimiento. Aplausos y más aplausos, palmaditas en la espalda, y un primer plano de sus lágrimas. Hoogerland se rebajó asistiendo a la entrega de premios, quien sabe si forzado por su equipo, el Vacansoleil.

El atropello del vehículo – ¡que se dió a la fuga después del atropello! porque no paró para socorrer a los accidentados – tuvo el mismo efecto que ver un micrófono furtivamente en una película. ¡La televisión está ahí dentro y tiene poder! Fue un accidente, un lamentable accidente, que privó de toda opción de victoria a los corredores y desencadenó una melodramática historia de la que sin duda, la misma televisión sacó provecho. Una modificación involuntaria de la realidad a lo “Show de Truman”. Flecha no quiso hacer declaraciones una vez llegó a meta ni quiso ocupar ni un segundo de la pantalla: ¿para qué si tristemente ya había salido suficiente? ¿Para salir en la foto y que parezca como que no ha pasado nada? Esas cosas no se perdonan. La televisión no se merece ese posible pico de share.

El exciclista Pedro Horrillo sugería horas más tarde en ElPaís que él se hubiera planteado ir a una comisaría y denunciar el atropello. Y de hecho, el equipo Sky, donde milita Flecha, está contemplando la posibilidad de emprender algún tipo de acción legal una vez tengan toda la información de los hechos y puedan valorar lo sucedido con calma. Así lo contaba su director deportivo Dave Brailsford en el informativo de Sky News. El mismo Flecha declaraba atónito en el mismo rotativo como el vehículo ni se paró para saber el daño que había provocado. Según desvela El País, el conductor era un conocido presentador de la televisión francesa cuya identidad quiere proteger la carrera, vaya, y cuya reacción oficial ha sido expulsar el vehículo del Tour y simplemente disculparse. La periodista Ainara Hernando (Ciclismo a Fondo), enviada en el Tour, también cuenta su disconformidad con lo ocurrido en su blog.

A Hoogerland le tuvieron que dar 33 puntos. A Flecha le curaron unas heridas muy feas en las rodillas y el codo izquierdo. Y en el momento de escribir estas lineas aún consiguen continuar en carrera.

Se da la casualidad que en una etapa anterior una moto de un medio de comunicación tiró al suelo a Nicki Sörensen de una forma bastante irresponsable cuando pretendía avanzar a lo largo del pelotón cuando tenía muy poco espacio para hacerlo. El Tour expulsó al vehículo ese mismo día.

Una moto de un fotógrafo se lleva por delante la bici de Nicki Sörensen que se va a la cuneta

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