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(article originalment publicat a Nativa.cat)
Ya sea porque el deporte mueve pasiones, ya sea porque, obligados a llenar páginas y páginas cada día, los periodistas deportivos terminan desarrollando una gran creatividad y se permiten mezclar géneros – y crear subgéneros tan viscerales como la crónica blaugrana o la madridista -, la sección de deportes de la prensa generalista suele esconder algunos tesoros. Carlos Arribas (Valladolid, 1958) lleva casi 20 años como cronista de ciclismo en El País, un deporte minoritario cuya tradición le permite seguir indagando en una particular poética y épica, incluso reinventar la literatura de viajes cuando habla del Tour de Francia. Con Arribas, que aprendió a ser periodista sin Google, hablamos de la profesión, de como conservar la ingenuidad ante el mundo y la fe en este oficio.

¿Porqué te gusta el ciclismo?

Ya me gustaba de pequeño un poco para llevar la contraria a todos los que en casa les gustaba el fútbol y a los del pueblo también. Y a parte porque es un deporte que te permite soñar mucho. Cuando oyes las etapas, ves los mapas por donde van [los ciclistas], los puertos, las montañas,… Eso despierta mucho la imaginación y la ilusión. De pequeño cada verano jugábamos a las chapas con los nombres de los ciclistas. Y luego veías las listas de los equipos y cada persona tenía una historia… En mi época de joven teníamos a Luis Ocaña, el equipo KAS, a Julio Jiménez, a Cifuentes, y toda esa cuadrilla de los años 70.

En el fútbol, cuando se habla de Barça o del Madrid, el periodista suele ser también un forofo del equipo y se nota. Pero en el ciclismo, ¿cómo definirías al periodista tipo?

A mi me pillas que soy un poco perro verde. La mayoría dicen que aman el ciclismo, que lo harían todo por el ciclismo, como [diría] cualquier periodista del Barça o del Madrid. Y pasa que a veces tienen una visión un poco estrecha de lo que quieren. Me acuerdo siempre de lo que decía Joaquín Vidal sobre los toros: que desconfiaba siempre de los taurinos y de los que se ponían esa etiqueta, de los empresarios, de los que organizaban todo el negocio de los toros. Y en el ciclismo pasa lo mismo con toda la gente que vive del ciclismo. Hay periodistas que se creen que deben defender el ciclismo porque simplemente viven de ello, cuando en teoría un periodista no forma parte del mundillo. Yo escribo del ciclismo pero si se acaba algún día tendré que escribir de otra cosa. Profesionalmente tengo que saber que no formo parte del mundo del ciclismo aunque escriba de él o pueda tener influencia sobre lo que pasa. Pero hay mucha gente en el periodismo que tiene esa distancia un poco equivocada.

De hecho esa distancia es necesaria en el periodismo en general…

Claro, para poder decir lo que… bueno, libre no te sientes nunca porque siempre piensas en lo que van a pensar de lo que cuentas pero sí que la distancia te permite actuar con una cierta libertad y si alguien se cabrea, pues mira… Tú haces por ti y yo por mi. Tú das pedales y yo escribo.

En casos de dopaje como la Operación Puerto o estos días con el caso Contador, me imagino que coger distancia es aún más difícil.

Coger distancia es complicado y también es complicado pasar la crisis [que eso supone]. Yo ya pasé la crisis con el Caso Festina en el [Tour de Francia del] 92 y ya después ya estaba preparado. Es una crisis de consciencia, de [darte cuenta que] en el fondo estás contando chorradas y mentiras sobre unos tíos que están engañando a todos. Pero yo me siento engañado personalmente. Cuando hablas con uno cara a cara y te dice que el doping es muy malo y luego da positivo, sientes que te está llamando idiota. Yo escribo mi parte hablando con ingenuidad y sinceridad de ellos, y ellos por su parte me están contando una milonga. Y ahí es donde está la crisis. Y la resuelvo diciéndome que aún creo en los reyes magos, que tengo que creer en esto.

El miedo del doping no es que [los ciclistas] engañen a los rivales o la gente, porque por mucho que se metan el ciclismo sigue siendo durísimo y sacrificadísimo, llevan una vida de monjes. El problema es que la admiración que sentías por un ciclista por hacer algo sobrehumano, la pierdes, aunque en el fondo lo que hace sigue siendo sobrehumano.

Cuando sale un caso de posible dopaje, ¿hay que aplicar siempre la presunción de inocencia?

Mmmm… No, no. Como periodista sé que la presunción de inocencia se la puedo aplicar a algunos y a otros sé que no. Pero es una crisis de sentirte tonto con lo que tienes que escribir, de haber puesto por las nubes a uno cuando ha ganado porque se ha tomado alguna cosa y tu escribes “qué carácter, que voluntad”. Pero es como todo en la vida, hay que saber convivir con la mentira. Y sobretodo no ser esclavos de lo que hemos hecho, hay que reconocer los errores pero no pensar [demasiado]… porque sino no podríamos escribir. A parte que este oficio si no se hace con pasión y con fe y con emoción no tiene sentido. Sino me dedico a otra cosa.

En tus crónicas de las grandes vueltas vas más allá del género, usas recursos de la ficción, metáforas, muchos adjetivos, referencias cinematográficas,…

Bueno, esa es la suerte que tenemos los de deportes! Porque en política, en las noticias, en crónica económica, tienen que ser todos tan precisos porque cualquier ironía, cualquier sutileza que no se capte pues [puede ser un problema], así que tienen que usar el sujeto-verbo-predicado. En cambio en deporte nos dan esa libertad, porque en el fondo cubre otras necesidades del lector, que no son sólo las necesidades de estar al día, son las de emocionarse, la de salir de la grisura de su vida. Cubre el lado emocional de la gente.

¿En El País tienes total libertad para escribir?

¡Hasta ahora sí! En el pasado sí que han habido cosas que no han pasado el filtro pero normalmente me dejan arriesgar bastante.

Una crónica de una etapa del Tour, ¿podría ser casi una muestra de literatura de viajes?

Sí, porque aparte de los ciclistas, el periodista viaja muchísimo porque está todo el dia en el coche. Del hotel hasta donde sale la etapa, después toda la etapa y después vuelve al hotel. Pasas mucho tiempo solo en el coche y te da tiempo a ver paisajes y a empaparte de todo y eso luego te da ganas de transmitirlo. También el ciclismo es eso, el viaje a lugares desconocidos o de la imaginación… Bueno, si llevas ya 15 tours acaba siendo un poco aburrido porque ya los conoces todos, no como el primer año que vas a los Dolomitas! Y el poder de evocación de esos nombres y luego verlos, que son lugares que existen en realidad. Todo eso despierta mucho las ganas de contar historias.

¿Y también transmitir la épica del ciclismo?

Lo que pasa es que cada vez me hago más descreído y a veces la épica suena a falso, a palabra grande. Y como se abusa tanto de esa palabra, sobretodo con los ganadores – que si las victorias de Nadal son épicas, que si lo de Fernando Alonso es épico,… ¡Hasta los de las motos son épicos! – pues ya ha perdido mucho valor. El tipo de crónica épica hay que dosificarla mucho porque suena a palabras vacías.

Y hablando de palabras vacías, ¿cómo se consiguen llenar tantas páginas sobre deportes cada día en la prensa especializada?

(Risas) Se llenan con declaraciones y cualquier chorrada que dice cualquiera ya merece ser titular. Y eso es una pena porque aparte es muy aburrido. El problema del Tour o de la Vuelta a España es que cada día tienes que dar una historia nueva. Y después de tantos años me planteo dos cosas: o hago todos los días lo mismo, y entonces no tiene sentido ni hacerlo ni vivirlo, o no. Porque para ser un funcionario del relleno, pues no. Y eso me obliga a intentar esforzarme cada día a buscar una historia diferente, a buscar un estilo, un enganche distinto, para por lo menos sentirme vivo, para saber que cada día estoy haciendo algo distinto que valga la pena.

Las páginas de deportes son como una montaña rusa de sentimientos, éxitos, fracasos, alegrías y sufrimientos. Luego pasas a las páginas de cultura y, salvo algunas excepciones, todo suele ser mucho más serio, soso y reflexivo. Y en el fondo, creo los dos ámbitos están basados en compartir una pasión.

Como lector de las páginas de cultura creo que son así como dices, aburridas, porque están hechas por gente que tienen ganas de mostrar al mundo lo importantes que son. A demás, los periodistas de deportes tenemos una ventaja que como somos menospreciados, aparte de esa libertad que tenemos, no tenemos que demostrar que somos importantes ni nada. En cambio los de cultura, y sobretodo en El País – que tiene Alfaguara [dentro del grupo PRISA] y hay tantos intereses – tienen que ir de sesudos.

¿De dónde te viene este gusto por el lenguaje?

¡Se me daba muy bien la lengua en el cole! Lo que pasa es que de pequeño siempre he tenido muy buena memoria y siempre se me ha dado bien la lengua, el análisis morfológico y sintáctico, diseccionar, ir siempre al mínimo de detalle de todo. Y leer. Cuando lees cosas bonitas pues te apetece imitarlas.

¿Tienes referencia literarias?

Bueno, de joven leía a Enid Blyton y Julio Verne… Mira, Julio Verne sería un buen periodista del Tour! A parte de sus fantasías, era literatura de viajes cuando narraba como en La vuelta la mundo en 80 días y otros ejemplos. Y luego de más mayor, pues leía a Robert Louis Stevenson y joseph Conrad, ese tipo de escritores: El Corazón de las Tineblas, Nostromo o Lord Jim, que creo que es la que más me marcó. El tipo de escritura de Conrad es bonito, esa forma perezosa de narrar. Y sobretodo: las digresiones. Para contar una cosa que dura 10 segundos, en Lord Jim son 300 páginas.

Y tú haces al revés: cuentas una etapa que dura 5 horas en menos de una página.

Sí, pero a veces me centro en un detalle que dura muy poquito y ese es el grueso de la crónica. Stevenson también me gusta sintácticamente, usa frases largas, como las enlaza y… También me influye mucho Thomas Bernhard que, a parte de su pesimismo, su forma de escribir también es muy oral. Todo con comas, el enrevesamiento ese que es necesario para matizar cantidad de cosas, no escribir nunca frases redondas, sino rebuscar y rebuscar. J.M. Coetzee también me gusta, que escribe muy sencillo y es todo lo contrario. Es muy profundo pero aparentemente son novelas sencillas.

¿Y la música y el cine?

De música soy bastante sordo. De hecho suele tener siempre puesta radio clásica porque no me molesta, pero no estoy al día… Y cuando era más joven, pues me gustaba lo roquero, los ramones, por hacer el gamba y el bruto un poco. El cine sí, sobretodo todo lo de la Nouvelle Vague francesa que me pilló de joven, Truffaut, Godard, Chabrol. Y luego los americanos: los clásicos como JohnFord y Howard Hawks,… y es lo que sigo intentando ver. De lo actual, pues no mucho, creo que me he quedado anticuado.

¿Crees que se escribe peor ahora?

A ver, hay gente que escribe muy bien! Pero yo creo que lo que va a matar esto son las nuevas tecnologías. En internet, hay la obligación de decir cuanto antes lo que sabes, no de decirlo mejor, ni que te dé tiempo a contextualizar, a contrastar, a entender tu mismo lo que significa aquello. Es que acabaremos siendo agencias de noticias todos y se perderá mucho, porque el valor de una noticia es también la forma de contarla.

Con la edición digital de El País, ¿os obligan a dar la información de otra manera, más rápida e inmediata?

Sí, ¡pero yo paso! No porque sea tecnófobo o anti internet, sino porque cada uno vale para lo que vale. Si me tocara estar durante las etapas twitteando lo que pasa pues… puede ser muy bonito, y de hecho un día lo hice mientras veía una etapa del Giro, y me lo pasé muy bien. Pero eso no lo quiero hacer como trabajo, porque el trabajo del periodista no es tan sólo escribir, es sobretodo hablar y conocer a mucha gente. Cuando viajas en el Tour tienes que estar pendiente siempre de todo, enterarte de cosas, en las cenas, después de cenar, en los hoteles, y sobretodo es fundamental hablar con todo tipo de personas para que te cuenten todo tipo de historias. Y todo el mundo es accesible, los corredores, los técnicos, los mecánicos,… Y además yo nunca voy con libreta ni tomo notas. Pero sobretodo hay que trabajar, tener mucha curiosidad y estar todo el día en todos los frentes, pues eso en el científico, el médico, el doping, el mecánico, el táctico, el organizativo, todo.

Ahora con Twitter y Facebook todo va más rápido. Las cosas se resumen en una frase. ¿Notas que eso afecta a la profesión?

Se nota, yo veo cantidad de colegas en las salas de prensa que se pasan todo el rato mirando la tele y tecleando, entre su blog, el twitter,… yo como logro hacer las crónicas que quiero no necesito blog para liberarme, porque muchos tienen el blog para poder decir lo que no dicen en el papel. Entre el blog, el Twitter, el Facebook, jo creo que al final es todo muy endogámico, vas explicando cosas para la gente que está ahí pero no va más allá. El periodismo es algo más. Una persona puede ver que a alguien le ha dado un infarto en la calle y contarlo, pero el periodista es el único que luego puede ir a la policía a preguntar quien era esa persona, qué le ha pasado, y enterate de más cosas. No vale que el que lo ve que lo cuente porque no cuenta más que lo que ve y eso además puede ser engañoso. Yo creo que el periodismo es algo más que contar en Twitter lo que está pasando.

Y luego está la sobreinformación.

Es uno de los problemas de internet: te dicen que en las webs puedes meter todo lo que quieras, pero el problema no es que haya que meter todo lo que se pueda sino que hay que poner todo lo que sea interesante y que alguien decida esto. Es lo que tiene un periódico al ser limitado, hay un redactor jefe o quien sea que diga que de las 20 noticias que hay hoy sólo caben tres. Puede equivocarse o no pero eso ya da un valor al papel. Y la gente cuando compra el periódico ya compra ese valor, no que se lo den todo, que es lo que te da internet. En la red la misma noticia de agencia sale en 200 webs al segundo. Pero ¿quién te valora si eso es importante o no es importante, quién te lo contextualiza?

Pues…

Además no sé cuanto durará El País y el papel en general. Y creo que ni la propia empresa tiene fe en que el periódico pueda sobrevivir, con lo cual están gestionando la agonía. El futuro para el periodismo no lo veo nada [claro], que salgan buenos periodistas, y que les paguen, y que no estén obligados todos los días a producir algo. Yo por ejemplo hay muchos días que voy a la redacción pero no escribo, si no tengo espacio, no tengo nada que contar, pero sí que voy allí, leo, hago llamadas, y eso es lo que da poso al periodismo, no como el freelance que está obligado a producir una pieza cada día porque sino no come.

El periodismo del que hablas está casi ¡en extinción!

Bueno, ¡los viejos también somos supervivientes! También estamos en peligro de extinción.

¿Cómo ves a las nuevas generaciones de periodistas?

Pues vienen muy bien preparados. Saben idiomas y lo saben manejar todo. Pero por lo que veo de los que vienen del Master [en Periodismo de El País], no tienen esa curiosidad que tenían los de antes de enterarse de todo. Por ejemplo, todos los días dejan un montón de periódicos encima de la mesa y los nuevos ni los ojean para ver que han escrito otros, y a mi eso me mata. Creo que tienen mucha prisa por triunfar, no sólo por hacerse mileuristas sino por hacerse importantes. Algunos lo consiguen. Hay una ambición mucho mayor que antes. Cuando yo empecé pensaba que tenía que ir poco a poco, que ya me llegaría el momento de poder firmar, de poder escribir, de que me manden por ahí. Y ahora un becario ya quiere firmarlo todo y ser enviado especial.

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