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El pasado mes de enero, el contrabajista californiano Barre Phillips, que hoy pasa de largo de los 70 años, visitaba Barcelona por primera vez en su vida. Después del concierto que dio junto al guitarrista Joe Morris, diálogo de cuerdas improvisado e inspirado, tuve la oportunidad de preguntarle sobre el disco “Music From Two Basses” que grabó junto a Dave Holland en 1971. “Hace ya 40 años de ese disco”, me dijo con cara de sopresa, como si ni él mismo se creise que podía haber pasado tanto tiempo. ¿Cree que algún día pueda repetirse otro duo de cuerdas gordas entre Holland y usted?, le pregunté innocente. Sonrió e intentando ser lo más diplomático posible contestó: “No creo que sea posible, porque ahora ya cada uno tiene su propio estilo. Cuando grabamos ese disco, los dos caminábamos juntos, trabajábamos con unas mismas ideas sobre la música. Con el tiempo cada uno hemos hecho nuesto propio camino. Ahora estamos muy lejos y no creo que volvamos a tocar. Aún seguimos siendo amigos, hablamos de vez en cuando…”  És cierto, Holland se mueve ahora por un terreno mucho más conservador que Phillips, que siempre se ha mantenido fiel a la experimentación y la libreimprovisación. Pero en aquel 1971 “Music from two Basses” fue una apuesta personal de Holland – hoy en día una rareza dentro del catálogo de ECM -, en la que tuvo que poner dinero de su bolsillo para publicar ese encuentro en forma de disco, además de convecer a Manfred Eicher, capo del sello, para que lo publicara. Algunos dicen que fue el primer disco de la historia de un duo de contrabajos improvisando. Una fuerte y maestral afirmación de como la belleza también se encuentra en la expressión espontánea y una demostración de lo que significa el interplay entre músicos, es decir, escuchar, tocar, comunicarse. Se merece ser el primero. Lo cierto es que es uno de los pocos discos de estas caracteristicas que existen y a pesar de tener ya 40 años, suena tan moderno y avanzado que tengo dudas de si la música contemporánea podrá nunca alcanzarlo.

Al final de la conversación, Phillips dio algo de vida a la esperanza… “bueno, quizá nos volvamos a encontrar algún día, quien sabe…” Y sonrió dejando entrever la funda de oro que lleva en una muela.

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