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Barcelona, 30 de noviembre 2009

“Hay que celebrar que los peces de colores existen”, dijo Artur Estrada, guitarra Fender Jaguar azul turquesa colgada, antes de empezar el concierto al un público cuyas expectativas ya estaban más que cumplidas antes de que tocaran un solo acorde. Nueva Vulcano presentaban su último disco en Barcelona, “Los peces de colores” (BCore, 2009). Hacía pocas semanas que circulaba por la escena punk rock y, por lo que se comprobó minutos después, había sido tiempo suficiente para que la gente se aprendiera de memoria las letras de los nuevos temas. Así que salen al escenario del Espai La Fontana me viene a la cabeza la fotografía del póster del concierto que durante días habían empapelado el barrio de Gracia durante días. En la imagen, apaisada, el grupo posa a los pies del gigante que domina el inicio del Passeig de San Joan de Barcelona. El seno de Nueva Vulcano alberga tres generaciones de músicos que tienen como base de operaciones el bar musical Heliogábal, en la calle Ramon y Cajal, no muy lejos de la chocolatería La Nena, la Plaça Revolució, allí donde algunos paquistaníes ofrecen latas de cerveza Damm por 1 euro delante del bar Canigó y al lado de una tienda de muebles que aún vende mobiliario de conglomerado de color naranja feo… “…Gracias por el edificio / nos hacía mucha falta… /estoy muy interesado / por todo todo aquello del skyline…” reza otro de los nuevos temas que interpretan esa noche. La voz de Estrada suena rasposa pero clara a la vez, es lo que ahora llaman “personal” supongo, aunque a mi me parece forzada y creo que es un milagro que sea capaz de cantar durante todo un concierto sin que se le rompa. Las condiciones técnicas no fueron las mejores, el sonido luchaba por aclararse como quien se intenta sacar de encima una persistente y molesta carraspera. El vifráfono que ahora acompaña al grupo (tocado por el guitarra de Vistalegre, el grupo telonero de aquella noche, debutantes) tardó un par de temas en hacerse presente. El técnico, Sergio, sufría para hacerlo sonar entre tanto ampli, entre tanta resonancia de cuerdas y los porrazos en la batería. “A veces, hacer sonar a los Nueva es imposible…” me comenta a los pocos días en una conversación informal. También me cuenta que dos días más tarde la fantástica acústica del Circulo de Bellas Artes ofreció la posibilidad de escuchar con esplendor la apuesta sonora del grupo, aunque en el fondo todo sea simple, muy simple. Tan simple que parte del público de aquella noche en La Fontana se los miraba con indiferencia, básicamente los que ocupaban la zona cercana al bar, los que no estaban rompiéndose los tímpanos en las primeras filas. Que si el todos los temas acaban sonando igual, que si la dicción casi inmutable del cantante convierte las melodías en algo monótono, sin sal, que si cuando llevas cinco temas, ya todo suena igual, que si los Nueva nunca me han gustado mucho, etc. La cerveza estaba muy barata, a un popular 1,50€, y estar cerca de la barra valía la pena para ir repostando sin el estrés de ir saliendo y entrado de una masa de gente loca, sudorosa y saltirona que cantaba vocacionalmente cada uno de los temas del grupo. Y eso que el sonido no permitía disfrutar de la música… A los que fuimos solos (solas) al concierto – vi a unos cuantos como yo, los que disimulamos aguantando las paredes y las columnas y miramos el móvil compulsivamente para aparentar que no estamos solos y vestirnos como el emperador del cuento de comunicación y disipar las sospechas ajenas que nadie ha podido/querido acompañarnos – y queríamos escuchar a la banda, no pudimos. Personalmente deserté por impotencia al sexto o séptimo tema. No podía discernir lo que captaban mis oidos, porque no conocía los temas como los que me rodeaban en las primeras filas, los que los voceaban, cantaban y se regaban con cervezas. Me retiré con toda mi dignidad a sostener una de las columnas de la parte trasera y allí observé de lejos como los Nueva Vulcano se daban un baño de masas a pequeña escala, los incondicionales que un día antes ya habían comprado unas 200 entradas anticipadas. Mi entrada tenía el número 320. Curioso fenómeno éste del público fan… A medida que voy sumando años me lo miro con más sorpresa (y pensar que yo hacía lo mismo hace unos años…). Pero hubo algo que me hizo pensar que la devoción de ese público a su banda era un fenómeno no demasiado habitual. Que hubiera gente que se desgañitase a mi lado, ofreciendo al cielo su pócima fermentada en mano, perspirando por cada uno de los poros de la piel y exhibiendo una expresión cercana a una posesión chamánica, mientras yo me sentía rodeada de un caos perturbador, me hizo sospechar que había algo que se me escapaba y que seguramente no conseguiría entender si no veía 20 concierto del grupo, como mínimo, y no hacía como muchos de ellos y ellas: seguir al grupo allí donde toquen.  Algunos de habían desplazado expresamente desde las comarcas de Girona para asistir al evento. “…así da gusto progresar / evolucionar es un placer / no estaba escuchando / estaba pensando / en un amor moderno…” Me gusta “Te debo un baile”. Me gusta eso dice otra canción de “He oído que acostumbra haber, una mañana siguiente…”. En el videoclip de ese tema del 2005 el grupo cocina una tortilla de patatas. He canturreado eso muchas veces… Me gusta esa ironía que supura en muchas de las letras y que esconde un particular sentido del humor y me gusta ese toque romanticón trasnochado, casi patético, que hay en mucho versos.

Entre el público identifiqué algunos músicos que en algún momento u otro habían pertenecido a la familia BCore. Algunos cantaban en la intimidad, otros observaban y analizaban con una cierta distancia. Al típico estilo del público barcelonés, inmutables. Parecía que tanto ellos como tantos otros habían venido “a ver qué pasaba y a ver a quien se encontraban…” Quien me diga que ir a concierto no es un acto social, que me lo diga en la cara. Hay algo de pesebre en los actos públicos de esta ciudad que siempre me ha incomodado. La cola para entrar es uno de los momentos clave, es en el que todo pasamos lista. Sea como sea, me reencontré con un mundo que para los que crecimos y sentamos las bases de lo que hoy entendemos como música fue importante, los que crecimos musicalmente con el rock independiente de los 90, con toda la amplitud de géneros y subgéneros que eso implica. Nueva Vulcano suenan a algo que ya fue. Todo pasa muy rápido…

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