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(Publicat a Go Mag#65, març 2006) 

Portada L'Univers

Portada L'Univers

Casi un año de descanso y la energía ha vuelto ha fluir. Los barceloneses 12twelve publican su cuarto trabajo, “L’Univers” (Acuarela, 06), después de un proceso de depuración musical que les ha llevado a sonar más a pelo que nunca. Nuevamente Steve Albini les ha enlatado como querían: austeros, sin artificios y en analógico. Más jazzies y menos eléctricos, abandonan el redil sónico para reencontrarse en la banda sonora de la película en la que todo está por suceder.

José Rosselló (batería), que ha ido un momento a su habitación, vuelve con una gran sonrisa e la boca y con un vinilo en la mano.”Es Ornette Coleman con la orquestra filarmónica de Londres”. En la portada hay águilas que vuelan sobre una bandera de barras y estrellas. “Ya veréis que brasa que es esto”. Se ríe ruidosamente. El resto de sus compañeros de banda, Jaime Pantaleón (guitarra), Jens Neumaier (saxo alto, teclados) y Javier García (contrabajo) le devuelven la complicidad con risas y le siguen con la mirada mientras pone el disco esperando a que empieze el festival de free jazz orquestado. A las primeras notas, los cuatro ríen a carcajada límpia, como una reacción física a esa histeria sonora y disonante creada en 1972. Para otros oídos, aquéllo sería insoportable. Los de los 12tweleve, en cambio, llevan años entrenándose para disfrutar con gusti del embrollo catártico del jazz libertario y otras burradas transgresoras que ese hayan creado en las últimas décadas. Llámese música contemporánea radical, lo que hoy se conoce como improv music o cualquier cosa que pueda integrar las palabras rock, post y underground. “Ya ves lo que escuchamos, estamos un poco locos”, me dice el batería, que ha decidido ceder amablemente el comedor de su piso para hacer este entrevista. Locos o no, la palabra jazz para ellos, lejos de cualquier esnobismo, es simplimente diversión. “Todos pensamos que el jazz que se hace ahora necesita humor. Hay que perder el miedo a no tocar perfecto, a buscar el feeling tocando lo que sabes. Lo que vales es todo, y eso es lo que pasa en este disco”, argumenta Javier.

En “L’Univers”, 12twelve suenan distintos. Quizás ha sido gracuas a esa falta de prejuicios lo que les ha permitido tirarse a la piscina e integrar en su postrock deudor de Tortoise y Do Make Say Think nuevas referencias como la del free, el funk más deep, la contemporánea de Pierre Henry o György Ligety o las bandas sonoras de Lalo Schiffrin y Henry Mancini. Todo un mundo nuevo por recorrer. Nuevos lenguajes musicales que la banda ha toreado con clase gracias a la experiencia y madurez que les dan sus ocho años de trayectoria musical (a pesar de algunos momentos de esa ingenuidad propia de los recién llegados). “Empezamos con bandas como Balago o Camping y todos mamábamos del postrock porque era el rock indie de moda en el momento. Y al menos yo personalmente, empecé escuchando Carcass y Nacked Cirt y tuve un época con mucha influencia del post-hardcore y el postrock y eso tenía que salir por algún lado”, recuerda Jaime. “Pero cuando te planteas hacer cosas nuevas y evolucionar, tienens que hacer lo que no saber hacer… Porque sinó te aburres”. Continua Javier: “ha sido ahora cuando toda esa música ha salido. Si ha que ha habido intententos anteriores de hacer lo que se ve en este disco pero quizás antes no sabíamos como hacerlo y no era el momento. Por ese hemos cambiado y hemos evolucionado tal y como nos gustaría que un grupo evolucionase. No nos gusta oír un disco de quien sea igual que el anterior. Y de la misma manera, nosotros no queremos sonar como en discos anteriores”.

Ornette Coleman sigue sonando de fondo en plena histeria discursiva. Es para volverse un poco loco, la verdad. Hablemos de cambios pues. El hecho de que el saxo de Jens suene practicamente en todos los temas y que Javier haya cambiado el bajo eléctrico por el contrabajo ha desnudado el sonido de 12twelve y ha dejado al descubierto una compleja y rica base rítmica, incluso bailable. Gravar de nuevo con Steve Albini, con quien ya trabajaron en el anterior “Speritismo” (Boa, 03), les ha permitido sonar tal y como buscaban: crudos y reales. Sin artificios.

“Pero hay una cosa muy importante”, irrumpe Jaime. “Cuando comenzamos a componer el disco nos lo tomábamos como una banda sonora. De hecho, como en todos los discos, pero esta vez queríamos hacer una banda sonora con escenas más concretas”. Los 16 temas están concebidos como las escenas de una película y esto les ha hecho racionalizar las cosas, ir más al grano. “En ‘Speritismo’ cogíamos trozos de canciones y las uníamos… y al final nos quedaban temas de  seis minutos o más. Renunciar a eso ha sido un reto para nosotros”, precisa Jaime quien con el cambio de instrumentación se ha quedado como el único elemento psicodélico del grupo, tocando siempre con una enorme pedalera formada por una veintena de pedales que le permite hacer todo tipo de efectos con una agilidad admirable. A pesar que de su guitarra salen algunos de los mejores momentos del disco, como en ‘Professor Ali’ – “un tema muy blaxplotation” – o ‘3001’, se hecha en falta más guitarra teniendo en cuenta la intensidad y distorsión a la que nos tenían acostumbrados. Me dicen que ésa es una opinión muy respetable pero que no creeen que eso les haya hecho perder intensidad. La banda basa su defensa en el principio físico de que la energía no se destruye sino que se transforma. “No hemos perdido intensidad, quizá hemos perdido volumen y fuzz”, comenta Jaime. “Pero hemos ganado en riqueza: los temas tienen más relieve”, interrumpe José, “a lo largo de estos últimos disco nos hemos dedicado a explorar la barrera sónica y no tenemos porque continuar haciéndolo. Queremos hacer otras cosas. Pero aquí hay elementos tanto o más radicales que en otros discos, y el mismo o maor feeling”. “Y ahora hay silencio, como en el tema ‘R2′”, apunta Javier, quien además confiesa que para él “era un sueño hacer temas como este o ‘9º 4ª. Incluso me  encantaría hacer todo un disco así”. En estos cortes, gestados a modo de interludios, es donde el grupo se ha soltado experimentando y ha dado autonomía a esa sucesión de efectos y ruidismo que antes formaba parte de la catarsis de un tema.

Jaime continua: “con el tiempo te das cuenta que es más difícil controlar el silencio y las bajadas que no llegar a la catarsis… eso lo puede hacer todo el mundo”. Sale el ejemplo de Mogwai. Josése cansa de justificarse: “nos pueden decir que ya nos tocamos con mala leche o lo que sea. Joder, pero yo no tengo porqué hacer una demostración de fuerza cada vez que salgo a tocar”. Se levanta de golpe y pone otro disco. Esta vez es Miles Davis, de la época en que vestía una horrorosa chaqueta dorada. Suena funk eléctrico muy oscuro.

Les pregunto que, ya que han compuesto una banda sonora, cómo sería la película de ésta y la conversación desemboca en corto brainstorming donde aparecen conceptos como “blaxplotation”, “persecución policial”, “thriller”, “marciano”, “espacio sideral”, “Lalo Scriffrin”, “underground”, “Vampyros Lesbos”, “Gus Van Sant”, y “amor”. Un set completo de emociones. ¿Y cómo acaba la película? Con el tema “Gitanita”, un intimista ejercicio ambiental. Como dice Javier, “sin pirotécnia”. Tan sólo falta el porqué del título. “‘L’Univers’ suena bien y ya está. Podría interpretarse como el universo común de nosotros cuatro como 12twelve”, afirma José. “Además, ¿nunca has querido ser astronauta?”.

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