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Cercano al free jazz y con inquietudes de vanguardia, Matthew Shipp declara asimismo su amor desmedido por dar a cada nota la importancia que tiene dentro del fraseo. Con “One” (thirsty Ear, 2006) y “Piano Vortex” (2007) rompe una época de sequía como compositor. Dos discos con los que ha resurgido en la escena menos conservadora de Nueva York y con los que continúa su cruzada para encontrar en qué consiste la vida y los hilos invisibles que la mueven.

El año 2007 ha marcado un punto y parte en la carrera del pianista Matthew Shipp (Willmigton, Delaware, 1960). A pesar de la publicación del reciente “Piano Vortex” en formato trío, con Joe Morris (contrabajo) y With Dickey (batería), el disco “One”, de piano solo, le ha permitido lanzarse a girar a nivel mundial en solitario – gira que lo trajo a Barcelona el pasado mes de noviembre – que le ha ayudado a detenerse, respirar aire, restablecerse y disfrutar de nuevo las composiciones propias después de unos años de frenética actividad trabajando en múltiples formaciones estables junto a músicos como David S.Ware, William Parker o Guillermo E. Brown, amigos y habituales todos ellos de la escena de vanguardia de Nueva York.

Desde 1993 lleva 51 discos grabados, 27 de los cuales como líder, además de ser el productor de muchos otros en el sello, thirsty Ear, donde ejerce de comisario de la colección de jazz visionario “Blue Series”. Su labor como impulsor e ideólogo de nuevos caminos musicales, ha contribuido a que se hayan publicado algunos de los trabajos de referencia que unen jazz contemporáneo con otros lenguajes modernos como el hip hop o la cultura de los deejays. Encuentros en los que Shipp también ha participado. “High Water” (2004), junto al rapero El-P y “Optometry” (2002) con DJ Spooky, son dos buenos ejemplos. Cuando se le pregunta por esta reformulación de los géneros postula: “A ver, soy un músico de jazz. Es lo que soy! Así que no tengo nada que temer si voy un poco más allá. Amo la tradición del jazz, así que ¿por qué no divertirme con ella y hacerlo a mi manera?” En un encuentro con el periodista y editor estadounidense Fred Jung, declaró al respecto:” No puedes avanzar sin tocar las narices con la gente. Miles Davis es la mejor prueba de ello ” (AllAboutJazz.com, 2002)
A Matthew Shipp la etiqueta de hombre de freejazz no le dice ni fu ni fa. Y como pianista, que le comparen con el maestro Cecil Taylor, más bien lo deja indiferente. A pesar de la velocidad infernal a la que se pueden suceder las notas en su lenguaje pianístico y el gusto por las disonancias, la forma de afrontar las frases musicales denota un estilo tan cercano a Thelonious Monk como Oscar Peterson o Claude Debussy. En su caso, el free jazz, la libertad jazzística, es una ideología, no una simple estética musical, que conecta directamente con su forma de entender la vida. “El tipo de lenguaje que más soy capaz de entender es el tipo de lenguaje que practico con el piano. Esto para mí es la vida “. Sus palabras combinadas con el simbolismo de los títulos de sus discos – algunos de ellos se podrían traducir como: “Armonía y Abismo” (2004), “Equilibrio” (2002), “Sistemas de gravitación” (2000), “Magnetismo” y “Crecimiento, Fuerza, Liberación” (1999), “El Flujo de X” (1997) – y los textos de espíritu poético que los acompañan, hacen que el oido quiera leer entre líneas y que la escucha sea más sugerente y sugestiva aún más. Shipp, que en el cara a cara se muestra siempre escéptico y algo hermético, pero generoso en gestos y sonrisas, entiende la música como un continuum dentro la eternidad. El pianista ha transformado la religiosidad en un misticismo pagano en el que el electromagnetismo es la fuerza invisible que produce movimiento y vida, tal y como hacen los imanes con su poder de atracción.

Tu lenguaje pianístico denota mucha meticulosidad y ortodoxia. ¿Cuándo empezaste a descubrir que había otra manera de tocar, más libre?
Siempre he sido consciente del free jazz y de todo. Desde que era pequeño lo sabía. No sé cómo encontré mi propio camino pero siempre he escuchado de todo. Y cuando ya era un adolescente, incluso cuando intentaba aprender cómo tocar be bop, siempre supe que quería hacer mi propia música. Nunca tuve el coraje de explorar mi camino hasta que Ferré un bolo de be bop mucho y muy malo cuando tenía 18 años (ríe). Me di cuenta que no tenía sentido tocar be bop. Bueno, puedes hacerlo pero es un lenguaje muerto.

Entonces, ¿de que modo entiendes la tradición?
De alguna manera soy como un embudo en el que otros lenguajes pasan a través. No me considero un músico de free jazz. Me considero un músico de ‘Matthew Shipp’. En otras palabras, todos los lenguajes pasan a través de mi sistema nervioso y salen de la manera como mi sistema nervioso los interpreta.
En aquel proyecto que unía jazz, poesía y audiovisuales que se llamaba Boxing and Jazz (2003) apuntabas ideas como que la música es “una danza neurológica …”
Exacto.

Y también, que “el solo jazzístico habla sobre la belleza del sistema neurológico porque tiene de evocar su origen”.
Bueno, el boxeo es espectáculo, entretenimiento y supervivencia. Y me gusta el jazz y me gusta el boxeo, así que traté las dos disciplinas. Es tan sólo una exploración abstracta, una manera de hacer pensar a la gente.

¿Cómo vives la experiencia del piano solo?
Cuando hago un solo lo entiendo como una pieza entera, un todo, y pongo juntas composiciones mías, standards de jazz, improvisaciones libres. Siempre busco conectar cosas, ponerlas en relación. Cada actuación es la construcción de un ser, un organismo vivo. ¡Nunca sé cómo saldrá! Y es que el jazz es una mezcla de muchas cosas, ¡puede ser cualquier cosa! Esta es la libertad inherente de su lenguaje.

El saxofonista alemán Peter Brötzmann ha dicho alguna vez que hacer solos le permite volver a saber dónde está.
Hacer un solo es una buena manera de buscarse a uno mismo. Y si te da miedo es que tienes miedo de ti mismo. Pero la verdad es que ninguno de nosotros se conoce realmente a sí mismo. Siempre buscamos a alguien con quien interactuar…

¿Un diálogo contigo mismo cuando tocas?
Yo no diría que es un diálogo para que diálogo implica “dos” y yo estoy intentando conseguir el “uno”. Es un intento de meditación pura, lo que consiste en suprimir el objeto y el sujeto. Lenguaje puro. En la música, especialmente en el solo, no puedes mentir, simplemente sale y es lo que es.

¿Por eso dedicas el disco “One” en “El Vacío, la Plenitud … y el Electromagnetismo”?

Correcto.

¿… Electromagnetismo?
Mira, nosotros tenemos el ADN, los nervios [del cuerpo humano] … y entonces hay la profundidad que les rodea, que es el espíritu real. Espíritu es un término religioso pero podemos llevarlo al campo de la ciencia y decir que es electromagnetismo, sea lo que sea que da vida a una persona.

Tocas habitualmente con músicos como William Parker o David S. Ware, muy vinculados a una idea afroamericana del jazz. ¿Te sientes cercano a movimientos políticos y reivindicativos como los de la AACM en Chicago?
No. Estamos en el siglo XXI y la AACM nació en el siglo pasado y fue el resultado de la vida en Chicago en los años 60 y 70. Tenían razón en algunas ideas pero aquel momento. Ahora creo que ya está superado. Es un movimiento todavía en activo, ¿lo sabes, no? Yo no me siento cercano a nada. Tan sólo intento ser yo mismo. Para mí, ser nostálgico respecto a la AACM es lo mismo que ser nostálgico del comunismo.

Pero estarás de acuerdo en que …
… Estoy de acuerdo con la idea de levantarme cada mañana y hacer lo que tenga que hacer para conseguir lo que de conseguir.

¿Con qué tradición improvisadora te identificas?
Por ejemplo debo decir que me encanta Derek Bailey como improvisador. A él le gustaba tocar con gente con la que nunca había tocado antes, y yo soy completamente diferente. Me gusta la idea de un grupo que ha estado trabajando y desarrollando un sonido, porque como músico de jazz afroamericano, el sonido de los grupos con los que crecí y con la que me identificaba, eran eso, sonidos de banda. Es lo que encontraba con John Coltrane Quartet, Ornette Coleman Group con Ed Blackwell, Don Cherry… Es lo mismo con las bandas de rock, ya sea con Led Zeppelin o Nirvana, el sonido se define por una gente que toca junta. Y Derek Bailey siempre quería la completa inseguridad de tocar con gente con la que nunca había tocado antes.

Y qué me dices de Cecil Taylor? Suelen compararte con él …
Cecil qué? ¿Quién es éste?


(Ríe) Me suelen preguntar por él a menudo en las entrevistas, la verdad. Pero mira, yo no soy como él ni nunca lo he querido ser. No toco usando los codos, ¿eh? Ni quiero hacerlo.

One thought on “ᴥ MATTHEW SHIPP: LA TEORIA DE LOS CAMPOS MAGNÉTICOS

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